¿Qué tipo de consumidor de vino eres?

01 ago 2014

Publicado en la revista de Epicur Gourmet Club Edicion Agosto 2014

Por Julio Armas Twitter: @JulioArmas

Enófilos o no, todos tenemos una manera especial y muy personal de disfrutar del buen vino. Personalmente, me declaro como un su fiel devoto y dedico una gran parte de mi vida a investigarlo y disfrutarlo en todos sus aspectos. Por eso, a partir de ahora y a través de este espacio compartiré con ustedes mis experiencias y puntos de vista sobre el fantástico e intrigante mundo de esta cautivante bebida.

Pero como les comentaba antes, no hay una única forma de apreciar el vino. Todos conocemos a alguien que le encanta experimentar con etiquetas novedosas, o algún amigo que, por el contrario, siente que cambiar su preferido por otro es casi un sacrilegio. Y tú, ¿qué tipo de consumidor eres?

El Satisfecho: El satisfecho no conoce mucho de vinos, pero sí sabe cuál es el que le gusta beber. A este tipo de consumidor no le importa si su vino marida o no con lo que está comiendo, y mucho menos se detiene a pensar en cuestiones como la oxigenación de esta bebida, por ejemplo. Para él, mientras haya vino en la mesa, hay motivos para brindar.

El Social: El bebedor social recién comienza a adentrarse en el mundo del vino y siente que tener una copa de un buen tinto en la mano y agitarla bajo sus narices es un símbolo de status. Por lo general tiene conocimientos muy básicos –aunque se considera un experto sommelier- y se queda pegado a una cepa, región, o una etiqueta específica. En las reuniones, suele ser el tipo que se la pasa impartiendo lecciones sobre cómo maridar un vino, o por qué es importante oxigenarlo. Sin embargo, suele aburrir a los invitados con sus –dudosas- y repetitivas descripciones sobre cómo catar esta bebida.

El Entusiasta: El entusiasta tal vez no tiene mucho tiempo para asistir durante la semana a una cata de vinos, y visitar bodegas en el extranjero es un placer de lujo que reserva para sus vacaciones. Sin embargo, como su nombre lo indica, es un entusiasta del buen beber, y su pasión por el vino le brota directamente desde el alma. Por eso, nutre sus conocimientos constantemente a  través de revistas especializadas para mantenerse informado con las últimas novedades. Le fascina aprovechar los fines de semana para apreciar un buen vino, que equilibra siempre con un exquisito plato. Es un excelente anfitrión, y le encanta compartir sus conocimientos y experiencias como enófilo con sus afortunados invitados.

El Connoisseur o Conocedor: El connoisseur es experimentado y atrevido; hace mucho tiempo que ya pasó por la etapa en la que se fijaba solamente en los vinos mono varietales y ahora está dispuesto a apreciar y juzgar hasta los más complejos blends. Este tipo de consumidor ama probar las nuevas propuestas, siempre y cuando el vino cumpla con sus altísimas expectativas y refleje en cada copa la experiencia del disfrute de un excelente vino. Sin dudas, el conocedor es el que tiene el paladar y el olfato más refinado, ya que cultivó su exigente alma enófila a través de los años. Sus gustos van más allá de los vinos de Chile o Argentina y sabe que el viejo mundo siempre lo aguarda con nuevas sorpresas por descubrir.

El Coleccionista: El coleccionista dedica una parte importante de su casa a la guarda y la exhibición de sus botellas. Pero no cualquiera se gana un espacio en su colección: este consumidor dedica tiempo y dinero a seleccionar aquellos ejemplares que por sus características especiales se merecen un lugar en su preciada cava. El  coleccionista adora seleccionar botellas para guardar y consumir en el futuro, aprecia disfrutar y distinguir la evolución de un vino en su cava a través de los años,  y le encanta seguir año a año las cosechas de una región o productor específico. Los más ávidos, incluso, conocen el sistema de compras futuras y realizan este tipo de operaciones  para ser los primeros en adquirir botellas de nuevas añadas cuando recién salen al mercado.

Estas fueron algunas categorías que distingo muy a menudo. Sin embargo, perfectamente podemos resegmentarlas y que vayan de los coleccionistas más aventureros hasta los más austeros, por ejemplo. Podríamos repetir este mecanismo hasta el infinito, porque definitivamente, hay tantos tipos de consumidores como botellas de vino: ya que cada persona es única y no hay dos paladares iguales, cada uno vive la experiencia del disfrute de esta bebida de una forma muy particular. Y eso es lo que importa. Eso, y que claro, siempre haya un buen vino para brindar que nos sorprenda  y estimule nuestro espíritu enófilo ávido de nuevas experiencias. Por eso, los invito a seguir descubriendo en este espacio las nuevas sorpresas que el mundo del vino tiene reservado para nosotros. ¡Salud!